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19-Jul-2017 15:04

Y en la Barceloneta, el movimiento, no sin titubeos, escisiones y broncas internas, se ha consolidado.

Al hilo de las protestas el asunto ha entrado con fuerza en la agenda mediática y política, tratado por primera vez como un problema social y no como un maná económico.

Hacía un calor de mil demonios en la sede social del club de fútbol aquella tarde de agosto.

El local, ante la sorpresa de los convocantes, estaba lleno a rebosar.

Y la indignación de los habitantes de la Barceloneta contra la imparable turistización inundó las callejuelas junto al mar al grito de «El barri no està en venda! Aquellas manifestaciones espontáneas y la caldeada asamblea posterior en el club de fútbol fueron el embrión de un movimiento vecinal —La Barceloneta diu Prou—, marcado en sus inicios por la afinidad, la frenética actividad de sus impulsores y, a su vez, plagado de contradicciones internas.

El tejido humano que compuso la plataforma poco tuvo que ver con el perfil activista, e incluso se evitó explícitamente la participación de asociaciones de vecinos u organizaciones sociales y políticas.

La sensibilidad popular con respecto a la imparable turistización de la ciudad, las voces críticas, recluidas casi exclusivamente en ámbitos académico-activistas, se habían ido manifestando en la calle de forma esporádica.

A esa protesta se sumaron la FAVB y gentes de otros barrios también afectados por el modelo turístico barcelonés como Gràcia, Poble Sec, Poble Nou, Sagrada Família, Sant Antoni, el Gòtic, el Born o el Raval.

Y más adelante, especialmente en Ciutat Vella, con las primeras denuncias y acciones organizadas contra los pisos turísticos (2001), luchas vecinales como la librada —y ganada— contra el «plan de los ascensores» en la Barceloneta (2007), campañas que revelaban el impacto negativo de la hotelización como «Gran Hotel Barcelona» o «Bomba a l’Hotel Vela» (2010-2011) o la emergencia de la Plataforma Defensem el Port Vell para denunciar la elitización del puerto (2012), entre conjugaron para intentar hacer pasar esas reivindicaciones como una cuestión vinculada exclusivamente al llamado «turismo de borrachera».

La mayor parte de los artículos publicados en la prensa oficialista pretendían enmarcar el conflicto en hoteleros de la ciudad se frotaban las manos.

Líderes políticos de la oposición, oliéndose que allí se fraguaba alguna cosa, acompañaron al vecindario en las primeras marchas, pero sin dejarse ver demasiado.

La protesta firme y continuada de la plataforma, a lo largo del verano de 2014, y los múltiples apoyos que recibió pusieron los cimientos de un nuevo escenario reivindicativo en Barcelona.Debían madrugar para ir a trabajar, pero no podían pegar ojo.